lunes, 19 de agosto de 2013

Barumini.

El poblado de Su Nuraxi di Barumini (Italia) pertenecería a la conocida como Cultura nurágica, que se extendería por la isla italiana de Cerdeña.

Su Nuraxi es el ejemplo por excelencia, representa una respuesta excepcional a las condiciones políticas y sociales, haciendo un uso imaginativo e innovador de los materiales y técnicas disponibles para la comunidad de la isla prehistórica.
Durante la Edad de Bronce media y tardía ( c 1500-800 aC.) en Cerdeña una forma única de la arquitectura desarrollada: torres defensivas circulares en forma de conos truncados construidos de piedra labrada, con cámaras internas ménsula de bóveda.
Su Nuraxi di Barumini
La influencia de las tumbas tholos micénicas, que se refleja en los techos en voladizo, ahora favorece una anterior en lugar de una datación más tarde. En general se acepta que la torre central en Barumini data del segundo milenio antes de Cristo más tarde.

Con la conquista romana de la isla en el siglo segundo antes de Cristo la mayoría de los nuraghi salieron de uso. Sin embargo, las excavaciones han demostrado que no eran las personas que viven en Su Nuraxi hasta el siglo tercero dC.

Algunos (como en Barumini) fueron rodeados por las envolventes quadrilobate consistentes en torres unidas por enormes muros. Pueblos de pequeñas casas de planta circular desarrollados en torno a estos puntos fuertes.

La datación exacta del período de construcción de nuraghi en Cerdeña es todavía objeto de debate entre los estudiosos, ya que existe un conflicto entre las fechas de radiocarbono y los obtenidos por la estratigrafía arqueológica convencional.

Las estructuras defensivas centrales se considera que han sido construidas por familias individuales o clanes. Como la sociedad sarda evolucionó de una manera más compleja y jerárquica. 

Por otra parte se sostiene que el  mayor esfuerzo hacia la extensión y la elaboración de las obras de defensa en Barumini está fechado en la Edad del Hierro temprana (siglos decimo-octavo BC) cuando Cerdeña fue expuesto a las incursiones cartagineses. 

En algún momento en el siglo séptimo antes de Cristo, Su Nuraxi fue saqueada por los cartagineses y los trabajos defensivos fueron menospreciados.

 Sin embargo, continuó como un asentamiento, las casas se reconstruyeron en un estilo diferente.  Estaban en una forma diferente a sus predecesores, construido con piedras pequeñas y que consta de varias habitaciones pequeñas. En un número de puntos que se apoyan o se superponen a las defensas anteriores.

La función principal (y más antigua) de Su Nuraxi fue la de proteger - mediante  una torre central - o mantener, construido a partir de grandes piedras labradas y sin el uso de mortero (realizado desde el interior de las paredes. Esto se interpreta como una cámara de consejo asociado con alguna forma de administración urbana.

Cabe destacar que el  poblado de Su Nuraxi di Barumini fue excavado entre los años 1949 y 1956 por Giovanni Lilliu. Fue declarado como Patrimonio de la Humanidad desde 1997.



miércoles, 14 de agosto de 2013

Bolivia, una película para repensarnos...

La noción de etnocentrismo es uno de los temas con los que debatimos en clase con los alumnos. Además de la teoría y la bibliografía seleccionada para tal fin , este año "descubrí" la película de Adrián Caetano: Bolivia. A partir de ella se abordaron temáticas como la de convivencias difíciles, tensas, conflictos que finalmente emergen para hacernos pensar acerca de ciertas actitudes muchas veces "naturalizadas". En este sentido , la peli aporta elementos para trabajar estar cuestiones y otras como las nociones de "otredad" , de conflicto, territorialidad, etnicidad, racismo, discriminación.

martes, 13 de agosto de 2013

El ETNÓGRAFO.




El texto cuyo autor es Jorge Luis Borges  y , que a continuación podrán leer,  fue pensado como una actividad para que los alumnos repensarán acerca de las prácticas que en ocasiones los antropólogos  levan a cabo desde la etnografía.
En clases anteriores se habían postulado otros ejemplos.
La actividad final y luego de la lectura del texto citado consintió en una presentación de sus conclusiones en formato audiovisual. 

El etnógrafo.
El caso me lo refirieron en Texas, pero había acontenido en otro estado. Cuenta con un solo protagonista, salvo que en toda historia los protagonistas son miles, visibles e invisibles, vivos y muertos. Se llamaba, creo, Fred Murdock. Era alto a la manera americana, ni rubio ni moreno, de perfil de hacha, de muy pocas palabras. Nada singular había en él, ni siquiera esa fingida singularidad que es propia de los jóvenes. Naturalmente respetuoso, no descreía de los libros ni de quienes escriben los libros.  Era suya esa edad en que el hombre no sabe aún quién es y está listo para entregarse a lo que le propone el azar: la mística del persa o el desconocido origen del húngaro, la aventuras de la guerra o del álgebra, el puritanismo o la orgía. En la universidad le aconsejaron el estudio de las lenguas indígenas. Hay ritos esotéricos que perduran en ciertas tribus del oeste; su profesor, un hombre entrado en años, le propuso que hiciera su habitación en una toldería, que observara los ritos y que descubriera el secreto que los brujos revelan al iniciado. A su vuelta, redactaría una tesis que las autoridades del instituto darían a la imprenta. Murdock aceptó con alacridad. Uno de sus mayores había muerto en las guerras de la frontera; esa antigua discordia de sus estirpes era un vínculo ahora. Previó, sin duda, las dificultades que lo aguardaban; tenía que lograr que los hombres rojos lo aceptaran como a uno de los suyos. Emprendió la larga aventura. Más de dos años habitó en la pradera, bajo toldos de cuero o a la intemperie. Se levantaba antes del alba, se acostaba al anochecer, llegó a soñar en un idioma que no era el de sus padres. Acostumbró su paladar a sabores ásperos, se cubrió con ropas extrañas, olvidó los amigos y la ciudad, llegó a pensar de una manera que su lógica rechazaba. Durante los primeros meses de aprendizaje tomaba notas sigilosas, que rompería después, acaso para no despertar la suspicacia de los otros, acaso porque ya no las precisaba. Al término de un plazo prefijado por ciertos ejercicios, de índole moral y de índole física, el sacerdote le ordenó que fuera recordando sus sueños y que se los confiara al clarear el día. Comprobó que en las noches de luna llena soñaba con bisontes. Confió estos sueños repetidos a su maestro; éste acabó por revelarle su doctrina secreta. Una mañana, sin haberse despedido de nadie, Murdock se fue.
    En la ciudad, sintió la nostalgia de aquellas tardes iniciales de la pradera en que había sentido, hace tiempo, la nostalgia de la ciudad. Se encaminó al despacho del profesor y le dijo que sabía el secreto y que había resuelto no publicarlo.
    -- ¿Lo ata su juramento? -- preguntó el otro.
    -- No es ésa mi razón -- dijo Murdock --. En esas lejanías aprendí algo que no puedo decir.
    -- ¿Acaso el idioma inglés es insuficiente? -- observaría el otro.
    -- Nada de eso, señor. Ahora que poseo el secreto, podría enunciarlo de cien modos distintos y aun contradictorios. No sé muy bien cómo decirle que el secreto es precioso y que ahora la ciencia, nuestra ciencia, me parece una mera frivolidad.
    Agregó al cabo de una pausa:
    -- El secreto, por lo demás, no vale lo que valen los caminos que me condujeron a él. Esos caminos hay que andarlos.
    El profesor le dijo con frialdad:
    -- Comunicaré su decisión al Concejo. ¿Usted piensa vivir entre los indios?
    Murdock le contestó:
    -- No. Tal vez no vuelva a la pradera. Lo que me enseñaron sus hombres vale para cualquier lugar y para cualquier circunstancia.
    Tal fue, en esencia, el diálogo.
    Fred se casó, se divorció y es ahora uno de los bibliotecarios de Yale.